Depresión posparto
Aproximadamente una de cada diez mujeres puede desarrollar un cuadro de depresión a causa del posparto y requerir tratamiento por ello. Si una persona se encuentra deprimida, no puede cuidar bien a un bebé recién nacido y tender una buena relación madre-hijo desde el primer momento. Esto puede contribuir a prolongar la depresión, ya que genera culpa. Por eso es importante que el tratamiento de la depresión posparto se comience inmediatamente.
Una mujer que sufre depresión posparto tiene un evidente estado de ánimo depresivo, llora, está llena de remordimiento y ansiedad, y no puede hacer frente a sus responsabilidades diarias con su nuevo bebé. La depresión puede volverse tan profunda que llega a convertirse en una psicosis depresiva, que es un trastorno mental propiamente dicho.
Con su tristeza, la madre no podrá relacionarse bien con las reacciones del recién nacido. Desde el comienzo, el bebé enviará distintas señales y reaccionará según la respuesta que obtenga de su madre a ellas. El bebé comprende rápidamente que si llora, la madre intentará descubrir si tiene hambre, necesita que le cambien el pañal u otra cosa. Más adelante, cuando el bebé comience a controlar sus gestos, comprenderá que si sonríe, la madre se mostrará más interesada.
El desarrollo de la relación madre-hijo es intuitivo. Si la madre padece depresión, no puede reaccionar apropiadamente. Esto genera ansiedad en el bebé ya que, al no experimentar la interacción natural, no sabe cómo contactarse. El bebé reacciona con frustración y existe un riesgo muy alto de que finalmente se dé por vencido. Puede volverse bastante apático y deficiente en su desarrollo. El malestar no es sólo evidentemente psicológico, sino también físico, ya que el bebé no puede subir de peso y no se desarrolla; es decir, no intenta alcanzar cosas para tomarlas o mantener su cabeza erguida.
Tratamiento
Si la depresión posparto es moderada o severa, debe internarse a la madre en un pabellón psiquiátrico. En general, son necesarios la psicoterapia y el tratamiento médico. Además, es necesario proteger a la madre ya que el riesgo de cometer suicidio aumenta a raíz de un sentimiento intenso de remordimiento.
El bebé también puede estar en peligro ya que la madre, al padecer una depresión psicótica, puede sufrir alucinaciones e imaginar, por ejemplo, que sería mejor si tanto el bebé como ella desaparecieran.
Años atrás, se internaba al bebé con su madre, ya que se creía que era la mejor alternativa, especialmente para la madre. Hoy en día, sabemos que no es lo mejor, ni para la madre ni para su hijo. Ella estará tan enferma que tener que lidiar con su propia situación es más que suficiente. A su vez, el bebé no puede estar con una madre enferma que no puede cuidarlo y responder adecuadamente a sus reacciones. El entorno en un pabellón psiquiátrico a menudo es tan agitado que resulta perjudicial para el bebé. Aunque se intentaba poner al bebé sano al cuidado de ciertas enfermeras, tampoco era una situación aconsejable ya que el bebé tenía que relacionarse con demasiadas personas.
De ser posible, la mejor solución sería que el bebé y la madre estuvieran solos en la internación y que el padre cuide del bebé al principio. Para esto, es necesario que el padre tenga la posibilidad de tener una licencia por paternidad. En el caso de una madre soltera o un padre que no puede tomarse una licencia, la mejor solución posible es que la abuela tome el lugar de la madre.
Es importante que el bebé visite a su madre todos los días y que las visitas sean breves, de no más de media hora. No existen reglas fijas con respecto al horario y se decide según las circunstancias específicas. La lactancia se recomienda según cada caso en particular. Para algunas madres, puede ser la solución mientras que para otras, puede ser un factor muy estresante.
El bebé necesita tener el contacto físico que implica el amamantamiento; para ofrecerle una situación lo más parecida posible, con un sustituto de la leche materna y un biberón, debemos cargarlo en nuestros brazos, cerca del pecho.